“El millonario”

Lo llamaban “el millonario” y cargaría con el nombre el resto de su vida, a pesar de que ahora no nadaba en la abundancia, ni lo añoraba.

De la noche a la mañana, mas bien de la hora del desayuno a la hora del almuerzo su vida dio un giro tan radical que nunca se borrará de su memoria. Le habían tocado 12 millones de pesetas. Mucho, muchísimo dinero para un albañil, y para cualquiera.

El décimo llegó a sus manos como regalo de navidad de su jefe, pero maldita la hora. No se le ocurriría una cesta como era menester con su turrón, sus peladillas, y hasta si quieres un jamón o una botella de Chivas, pero no, había que echarle emoción al asunto. Y vaya si la tuvo!

Periodista y fotógrafo del periódico local llamando al timbre de la puerta de casa a las doce de la mañana para hacerle una entrevista; cuando hacía menos de una hora que había salido por esa misma puerta el director de la sucursal de su banco. Por cierto que cuando le fue a pedir un préstamo para la matrícula y los gastos de universidad de Manolito, el trajeado tenía otro careto. Lo que mueve el dinero, santo bendito!

Pasaron los días y las semanas.

Los cuatro hijos, la mujer y él mismo se dedicaban a gastar. No se veían siquiera. Cada uno iba a lo suyo. Para todos había.

Coches escandalosamente lujosos y que desentonaban con el barrio, así que hubo que comprar un chalet de trescientos metros y piscina.

Antes tenía dos amigos del curro, ahora lo rodeaban docenas. Unos se unían a las juergas sin mucha resistencia. Otros para salir en la foto. Y los más para intentar sacarle dinero.

Daños colaterales: Una familia rota y una úlcera.

En la actualidad se le suele ver en el puerto amarrando el bote de tres metros con el que sale a pescar por la ría.

Ya no vive en le inmensa casa, se perdería en ella. Le basta con una buhardilla con terraza en las casas que están enfrente del muelle, y en la que ahora está viendo como toma el sol su gata Petra.

No tiene nada y cómo aprecia no tenerlo!

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2 comentarios en ““El millonario”

  1. Yo siempre compraba un décimo de Navidad en el bar de debajo de la oficina, adonde bajaba cada mediodía a tomar café… Pero al mismo tiempo deseaba que, si me tocaba, mejor que fuera en otro sitio; que nadie lo supiera !!

    Seguir llevando una vida normal, y aprovechar el dinero como “respaldo”, “colchón” o “salvavidas” (por si las cosas se tuercen) Y, mientras tanto, invertirlo con prudencia…

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  2. Disfrutarlo de una forma “clandestina” , no es mala idea.
    Pero bueno, para qué lo queremos con lo que nos gustan las cábalas con el presupuesto y el ahorrar a poquitos para las vacaciones!

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