Lo bueno se hace esperar

Y qué esperas? El postre?

No es en plan irónico, pero merece la pena crearse expectativas cuando una poco puede hacer para que se cumplan?

Todo esto cavilaba Mara mientras doblaba con delicadeza la servilleta de hilo que se empeñaba en usar en los desayunos relajados de los días festivos, cuando lo más razonable, y sobretodo práctico, sería una de papel. Usar y tirar, y listo.

La frasecita salió de los labios de la tÍa Engracia entre los langostinos y el bacalao al pil-pil en la cena de Nochebuena.

Con sus cuarenta y nueve años, y ocho divorciada, estaba harta de esas miradas que dicen, qué tendrá esta que no tiene pareja o, demasiado independiente la nena, esta va por libre. Ella solo quería vivir el día a día disfrutando de su libertad, de no tener que dar cuentas a nadie. Que sí, que lo tenía claro, y a otra cosa.

Salió al jardín con el periódico local para echarle un vistazo en la mesa velador que había colocado debajo del manzano. Para el verano, el invierno todo el año era un placer darse el gustazo de disfrutar del jardín. Cuando le cambió las ruedas al coche pidió en el taller que le dieran una. Ahora pintada de rojo lucía perfecta para plantar una docena de bulbos de tulipanes rojos que le había regalado el florista del pueblo. “Llévatelos, los encargó la maestra y se fue de vacaciones sin recogerlos, y se van a secar” Tulipanes rojos en una rueda roja. Genial.

Tranquilidad y sosiego. Satisfacción por no tener que mirar la hora y regodearse en el tiempo libre con las cosas más sencillas y las más placenteras.

Fernando Aramburu autor de “Patria”. Lo entrevistan en su casa de Hamburgo donde vive con la alemana que lo enamoró hace más de treinta años. “Estaba estudiando Filología Hispánica en Zaragoza. Era Octubre, amaneció con sol y hacia las diez de la mañana sonó el timbre del piso que compartía con dos amigos. Abrí la puerta y allí estaba ella. Es un regalo que me dio la vida. Seguimos juntos y han pasado más de treinta años desde entonces. Si ella hubiera sido finlandesa, yo estaría ahora en Helsinki helado de frío.”

Bruno salió escopeteado de la casa porque la cola del gato de la vecina asomaba por el murete que separaba las dos fincas, y ya se sabe, perro y gato se divierten jugando, con más o menos empatía y seriedad.

Era la hora de ponerse al trabajo, mañana podría llover y le vendría muy bien a los bulbos recién plantadas. No era esa imagen idílica de la mujer con sombrero de paja y guantes de jardinera de colores combinados con el vestido de batista, que con delicadeza saca las flores de las macetas, y las planta en el magnífico e idílico jardín, sin nmarcharse, impoluta, hasta con el maquillaje perfecto. No esa no era la imagen. Estaba espatarrada en el suelo, en pijama de Piolín, y con tierra hasta las orejas. Y en esas que percibe, otea en el horizonte cercano del murete de la vecina, un atractivo joven observándola. “ Hola! Qué tal?

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2 comentarios en “Lo bueno se hace esperar

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