El sofá rojo del abuelo

Por motivos varios no se presentan las navidades más placenteras, pero el placer se curra, y al final se encuentra, sobretodo si hay alguien que está al quite y te ofrece tantos, tantísimos buenos momentos.

El sofá había sido de mi abuelo. Tantas y tantas imágenes de él, leyendo el periódico, tomándose el café, cogiendo a sus biznietos en el regazo, o solo viendo la tele sentado en el sofá rojo de cuero. Creo que hasta tengo alguna foto.

Pues llegó a mis manos y de ellas pasó directamente al escaparate de otoño de la zapatería. Una manta doblada tapando una pequeña herida de guerra, unas gafas encima de un libro abierto sobre el reposabrazos. Y el sofá lució con toda la majestuosidad que le dan los años vividos y esa apariencia entrañable que tienen los objetos antiguos. No, antiguos no, los objetos que han estado en una familia siendo parte del día a día.

Pues a lo que íbamos.

Un día para la nochebuena y la navidad, y no había forma de traerlo a casa, para que ocupara el huequecito que le había hecho en mi habitación, para que de alguna forma, egoista que soy, sentirme arropada por los que más me han querido y a quienes más quise. Junto con la lectura, la música, las conversaciones sin reloj y los encuentros relajados harán más “pasables” estos días. Sonn unas vacaciones. Solo eso.

Pues así surgió la idea , la escandalosa idea de traerlo en el coche descapotado y el sofá cabeza abajo sobre los asientos que normalmente ocupan las peludas.

La avenida atestada de gente con las últimas compras prenavideñas. Aparco el coche y con un frío del carajo, lo descapoto. Unos seguro que han pensado: qué despliegue de tecnología, será una de las que les tocó la lotería en Villalba. Otros básicamente pensarían que estaba majara. Pero el sofá entró, y con todo el espíritu aventurero y unas buenas carcajadas llegamos a casa. Mi ángel me lo ayudó a subir por las escaleras, empinadas y fastidiosas, y ya véis, luce esplendoroso en su rinconcito.

No puedo cuantificar ni decir con palabras lo que me has emocionado. Y no te doy las gracias porque pienso compartir contigo muchas más aventuras.

Dedico este post a todos los que ponen su granito de arena para que los demás consigan sus sueños.

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