Seis de la mañana y sábado

Por dios, si hoy no hay nada en la agenda que me haga controlar mis movimientos y mis despertares con el reloj. Pues mi cuerpo y mi mente -cuál será el que manda en este caso- dijeron que basta y son las seis y media y estoy desayunando.

Ellas detrás mía. Las peludas me siguieron a la cocina y ahora, de vuelta al dormitorio y después del trocito de tostada, de pan pan, exigentes que son ellas, están durmiendo la siestecita del desayuno.

Lugo está envuelta en una espesa niebla. Duerme aún. Ningún coche perturba la paz de los que , como tiene que ser, están durmiendo a pierna suelta. Y lo primero que me vino a la mente, que activó mis neuronas adormecidas y caóticas, fuiste tú, y lo segundo: cómo me chirria la perfección, la uniformidad. Lo pensé ayer cuando estaba haciendo el cartel del Black Friday y se me ocurrió hacer la c más pequeña de lo que era menester. Ya sé, son letras y toditas tenían que seguir un patrón, Pues no. Para eso es un cartel artesano, para que se vea la huella de las manos que dibujaron las letras una a una, las recortaron, colocaron en la cartulina negra, siluetearon y rellenaron de tiza. Sin olvidar el toque final, las sombras. Dio trabajo sí, pero lo que he disfrutado!

Oye y a propósito. Que me voy a poner una falda de cuadraditos con una blusa de rayas. Y una chaqueta malva, cuando todo lo demás es gris y negro. Un toque para darle marcha al asunto.

Parece que comienza el día, pues casi que voy a dormir la siestecita del desayuno. Buen finde

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