La última en entrar, la última en salir

Una marea de más de cien alumnos se desplaza por el luminoso pasillo hacia el aula donde van a impartir la clase. Cháchara, risas, se citan para luego, se preguntan sobre las vacaciones.

Y ella, ella detrás de la marea, y en silencio.

Bajita y parece más por sus carnes rollizas, sonriente, si su peso duplica al peso ideal, su sonrisa lo cuadriplica. Contradicción en estado puro, por una parte quiere pasar desapercibida, por otro quisiera ser como una más, y estar integrada en un grupo, en una pandilla, una más.

Pone todo su empeño en caer bien, en que no vean sus rollizas piernas enfundadas en un apretado vaquero, su cuellicorto y su papada, solo desea que la vean a ella, que les encandile su sonrisa y su lustrosos pelo y que les resulte interesante. Qué soy una chica simpática!

Pero acabará el curso y duda que haya hecho alguna amistad, que vaya a quedar para salir una noche o compratir chismorreos sobre tal o cual.

Le lleva dando vueltas todo el fin de semana, así no llegará a ninguna parte, hay que dar un giro y cambiar de rumbo. Seguirá siendo la misma, pero si no les gusta la esencia va a cambiar el envoltorio.

Comprado ya está. Cuando fue con su padre a Viena recorriendo un barrio de esos de intelecuales cerca de la universidad, un teatro vendia su atrezzo y papá se empeñó en que necesitaba ropa con carácter. Ella eligió un vestido de terciopelo malva con pequeños bordados de florcitas de lavanda en cuello y puños, cortito, por encima de la rodilla. Y un magnífico abrigo ligero gris con unos remates en terciopelo malva en los puños. Y además su mamá le acababa de hacer un bolso a ganchillo, se dedicaba a crearlos en su tiempo libre, y sería el complemento ideal para el ” conjunto dar un giro a tu vida”.

Abre las puertas del armario y allí están sus joyas, aguardando a que su dueña dé una patada, haga lo que es menester y les dé una oportunidad para lucirse. Allá va ella.

LLegó unos minutos antes de la hora y se sentó en un banco en el vestíbulo. Era extraño, pero no estaba nada nerviosa, estaba decidida y segura de si misma. Vio a algunos de sus compañeros entrar. Fue ella la que se levantó y los saludó, y subió con ellos. Fue ella la que propició los acontecimientos, que podían ser banales, pero no quería ser la cola de la marea nunca más.

La iniciativa y la fuerza para poner en marcha algo está en la mente, y si hay que currárselo, se hace. Pero lamentarse sin más no es de recibo. Esa va ser su nueva filosofía.

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2 comentarios en “La última en entrar, la última en salir

  1. Pensaba yo que nuestra protagonista se iba a convertir en una “esclava de la imagen”, o en una “fashion victim”. Pero no !! Ha cambiado el envoltorio ??
    O simplemente ha encontrado un envoltorio acorde con su esencia…

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    • Solo el envoltorio, ella sigue siendo la misma. La confianza en sí misma, su arranque, no se lo da la vestimenta, sale de ella, y verse vestida con esa ropa “fetiche” ayuda.
      Confidencialmente, la autora usa muchas veces la misma táctica.

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