Refugio. Día 50

Fue un placer

En serio. Me sentí muy acompañada con todos vosotros, y espero que tuvierais también esa sensación porque era ese el propósito.

Y ahora no quiero incordiar.

Adelante, a disfrutar de esta nueva etapa. Me imagino que encontraremos tropiezos, problemas que resolver, pero como siempre. Además las mentes activas rejuvenecen el cuerpo, no lo sabíais?

En serio. Curraros un momento de felicidad cada día. Y a por ello.

Voy a seguir escribiendo, creo que no podría parar de hacerlo. Pero ” Refugio” espero que no tenga opción a reaparecer, y su etapa haya concluido.

Cuidaros mucho.

Y como las amistades de trinchera son para siempre, aquí tenéis una amiga.

Hasta luego

Refugio. Día 49

Y qué decir de mis compañeras de piso?

Pues que están tan panchas durmiendo la siestiña del desayuno, un trocito mínimo de pan tostado. Y si no tomo naranja, un trocito de fruta. Tanto si es melón, fresas, y ahora la fruta de verano, se apuntan a todo, las muy tunantas.

Encantadas están de tenerme para ellas todo el día. Se lo pasan genial. O a lo mejor no, y están saturadas de mi presencia, vete a saber.

Ya las estoy viendo, y ellas deseándolo, seguro, corretear por el jardín, por la terraza, investigando, corriendo detrás del gato que aún a sabiendas de que ya estamos se aventura a hacer una escapada a nuestro territorio, y zas, salen disparadas estas dobermáns a decirle cuatro cosas.

Y se van a pasar horas al sol. Ayer, cuando volvíamos de pasear, Olivia, la más amante del astro rey, del mundo mundial, se sentó en el peldaño de la entrada, y como estaba dando un solete muy agradable pretendía quedarse un ratito, como hace allá. Pobre

Pero bueno!!! No nos quejamos.

Y ya tendrán tiempo de aburrirse de sol, gatos, pájaros, y demás. Queda poco.

Ala, cuidaros y no os deis un hartón de andar, que hay que tomárselo con calma.

Hasta mañana

Refugio. Día 48

Bien es cierto que hasta en ocasiones nos sorprendemos con la intensidad de nuestras propias emociones

A ver. Esta situación me cogió de improvisto, como a todos. Y objetos a mi alrededor, pocos. Ni los necesarios para hacer las chapuzas con las que pretendía ocupar la mente. Así que la improvisación se convirtió en una distracción más. Y me encantó.

Hasta hace casi nada usaba la tijera del pescado para casi todo. Y bien. No tenía un corte fino, porque tampoco ayudaba que no estaba nada afilada, pero cumplía.

Cuando me puse a hacer el bolso con retales, como que necesitaba cortes más precisos. Hice un recorrido mental por todos los súpers para analizar cuál la tendría con más probabilidad, el más propicio a tener una tijera a la venta. En la diana a la primera. Pura casualidad que me ahorró el peregrinar por todos ellos.

Qué emoción, de verdad

El primer corte me supo a gloria. Y ahí estamos haciéndola servir.

Por dios, cómo me puedo emocionar por algo tan, tan poco importante.

Cuidaros mucho.

Hasta mañana

Refugio. Día 47

Con una vida hecha a medida aún con las condiciones del confinamiento, aún así, nos sentimos como en una burbuja. Protegidos.

Pero esto tiene que volver a ponerse en marcha, no queda otra.

Es como si emprendiéramos viaje a un país extranjero, muy ajeno a nosotros, con hábitos a los que seguro nos habituamos, pero que nos va a costar asimilar. Y con la incertidumbre de si seremos conscientes de que todo ha cambiado, y de si sacaremos alguna enseñanza, de si habremos aprendido algo.

Por lo de pronto somos mejores personas. Más solidarias y empáticas con los que les ha tocado sufrir pérdidas, o los que han vivido el día a día en el fragor de la lucha, como se diría.

Y también nos ha dado tiempo a reflexionar, a conocernos mejor a nosotros mismos, a reconocernos. A echar un vistazo profundo a quién queremos ser y con quién deseamos compartir la vida.

Y nada más exigente que esta situación para hacernos vivir el presente. No ya el presente continuo, sino el ahora, el ya. Ni palante, ni patrás.

Eso sí, con algunos instantes de aburrimiento, o de ponerse a mirar las gotas de lluvia resbalando por los cristales, solo por fijarse en algo bello.

En fin.

Cuidaros mucho.

Hasta mañana

Refugio. Día 46

Que tengamos algo que decir porque un producto es demasiado bueno. Es chocante, por lo menos.

Las naranjas a granel, sí, esas que están en el cajón grande, en Mercadona. Enormes, mas esa no es la cuestión, pues si se te hace mucho, comes la mitad y listo. La bondad de una pieza de fruta, que a estas alturas del año tendría ya que estar declinando sorprende muy favorablemente.

Cuando lo más común es señalar los defectos, la falta de compromiso con lo que publicita un producto y lo que se espera de él, y la realidad. Es un soplo de aire fresco cuando solo tienes alabanzas. Eso está bien.

La había cortado así, a la mitad, ya no porque no podría con toda, sino porque pensaba secar la cáscara, y con unos agujeros convertirla en un estupendo portavelas. Que todo se andará, cuando sepa cómo secarla.

Día gris. Pero caray, no quiero ver ni una sola cara larga. Que el día se convierta en el escenario perfecto para echar a volar la imaginación y meter la mente en un bucle de optimismo y alegría. Cada cual con lo que le resulte más placentero.

Cuidaros mucho.

Hasta mañana

Refugio. Día 45

Cuatro de la mañana

Con los ojos abiertos como platos, y la mente furulando a toda máquina. Tanto planing , tantas expectativas, estresan.

Porque imaginaros cuarenta millones de personas _ no sé cuántas seremos_ todos, todos con el mismo pensamiento, la libertad está ahí, a la vuelta de la esquina. Esto es como en el minuto último del año cuando estamos comiendo las uvas, y una idea, bueno dos, colapsan nuestra mente, el año que viene va a ser mejor.

Anhelo, deseo, confianza ciega.

Pues en esas estamos.

Es que hay que ser incrédula. Me leí la misma noticia en tres periódicos, y era la misma, porque era un comunicado. La digerí otras tres veces. Y al mismo tiempo iba haciendo mis propios planes.

Después de esta tensión, quién iba a dormir plácidamente?

Cuidaros mucho, ahora más que nunca.

Hasta mañana

Refugio. Día 44

En serio. Los padres que ayer tuvieron un comportamiento tan incivilizado e irresponsable merecen que los apunte en el Libro de los Idiotas.

Con seguridad los hubo que antes de salir de casa les explicaron a sus hijos la situación, y los concienciaron de que era necesario acatar las normas. Salieron a dar un paseo de una hora, pero con unas reglas.

Pero. El pero es muy gordo.

Reunidos en los bancos del parque en alegre charla, sin respetar ninguna distancia de seguridad ni gaitas, sin tener en cuenta a los demás. Ni a sí mismos. Porque hay que ser idiotas!

Y los niños campando a sus anchas. Pobres. Poca culpa tenían cuando quien tiene que marcar las pautas se desentiende.

Así estamos.

Al Libro de los Idiotas, de cabeza.

Cuidaros mucho.

Hasta mañana

Refugio. Día 43

Esto es una crisis en toda regla.

Me estoy quedando sin lápices. No me va a quedar más remedio que echar mano de los Staedtler de toda la vida, sí, esos negros y amarillos. Que sí que lo hacen bien, pero no tienen el encanto de un lápiz adquirido en una pequeña librería de Aveiro, de los que vendían a cincuenta céntimos en un mercado callejero en Camariñas, o aquel que me trajiste desde tan lejos.

Creo que ya os comenté alguna vez mi obsesión por los lápices superafilados.

Hay una razón, o dos. Una práctica, la letra la hago muy muy pequeña, y cuanto más relajada estoy, más pequeña. Y claro, imaginaros como de fina tiene y debe ser la punta.

Y soy muy escribidora. Todo el día estoy a la labor. Una lista para llevar para allá, algo que le tengo que decir a tal, una nota para un post, un apunte para un proyecto. Todo lo vuelco en el papel.

Y la otra razón. Esta predisposición a usar lápiz, y además muy afilado, es de siempre. No me vino con la edad. Y lo que está enraizado en nosotros y nos hace bien hay que mantenerlo. No?

Bueno, pues esta anécdota fue una forma distendida de dar el pistoletazo de salida a una nueva semana. Que nos sea propicia.

Cuidaros mucho.

Hasta mañana.

Refugio. Día 41

Limpiar archivos basura.

Cada mañana me lo recuerda el móvil, y con insistencia, como si hubiera que mantenerlo limpio por dentro y por fuera

Imagino que es por no restarle agilidad, o algo así.

Ay, si pudiéramos hacerlo con nuestras vidas, porque están ahí nuestros archivos basura que nos empeñamos en borrar, y la herramienta que a tal fin ponemos en marcha no es tan efectiva como en el móvil.

Será porque el dispositivo no tiene ningún cargo de conciencia.

Un objetivo. Una acción.

Pero la mente humana tiene otros recovecos que son todo un enigma, y encima, distinto para cada persona.

Pues sabéis lo que os digo. Calificar , etiquetar, y eliminar. Sin más. Porque no merece la pena que te amarguen una tarde, no señor.

Querréis ejemplos, datos.

Hoy estamos a domingo, el día crítico para la salud emocional. Aunque estemos en esas circunstancias en las que nunca sabemos el día en que vivimos, pero llega el domingo, y zas, tomamos conciencia.

Y, a lo que íbamos. Vamos a dejarlo así, porque no hay que darle motivos al desánimo enumerando calamidades.

Y además, para qué?

Y dejémonos de historias, y vayamos a lo práctico. Voy a hacer una potiña de caldo de nabizas. Y al que se me ponga farruco lo meto ipsofacto en el libro de los idiotas.

Y mucho ánimo, que me parece que vamos a poder salir a dar una vuelta.

Cuidaros mucho.

Hasta mañana.

Refugio. Día 41

Millones de personas emprendían cada día viajes, montaban por primera vez en avión, cumplían su enésima travesía, o simplemente era un instrumento de trabajo

Y qué pasará a continuación?

Aflorará tal vez, un nuevo concepto de economía motivada por la crisis que va a caer sobre el mundo?

Y no creo que estemos por la labor de organizar un desplazamiento en plan de relax cuando nos van a venir encima un buen saco de problemas y preocupaciones. Evadirse va a quedar relegado para cuando pongamos un poco de orden en nuestras vidas.

Nada volverá a ser igual. Que tampoco significa que dentro del nuevo orden no encontremos la tranquilidad necesaria para ser felices. Habrá que currárselo, como siempre.

Pero caray, lo que hemos disfrutado está ahí. El quedarse sonriendo y con la boca abierta porque estás en el paisaje, en el entorno que tantas veces has leído en los libros o visto en series o películas. Y estás ahí.

Yo me sentí como una niña pequeña cuando le regalan un globo de colores y que camina por la calle con una alegría desbordada.

Eso fue Londres para mí.

Cuidaros mucho

Hasta mañana